Prometo publicar más seguido en esta Semana Santa ! Espero que les guste el nuevo capítulo ;)

Capitulo 3: A veces siete candados no son suficiente

Me levanto de la cama saboreando el dulce amanecer de un sábado. Estiro las manos hacia al aire y entonces me doy cuenta de que va siendo  hora de una gran sesión de cera, acompañada de gimoteos de dolor.
Con miedo a que los cortos vellos de mi axila y , ahora que me miro, también de mis piernas, sean descubiertos, me visto con unos pantalones vaqueros claros pitillos y una camiseta de manga larga negra y blanca con pájaros. Deje caer mi cabello en escala y me di rimel a mis ojos para resaltarlos aun mas. Conociendo perfectamente el efecto que esto causa en Ted. Pero... A mi que mas me daba lo que pensase ese picapiedra. Ladee la cabeza para intentar conseguir que su nombre se esfumase de mi cabeza...que para mi desdicha no lo conseguí, asta que me senté en la silla del comedor y vi entrar a Ted con un gran ramo de jazmines y una carta sumergida entre el ramo. Con miedo de que al meter la manos las flores me atacasen o sean venenosas cogí rápidamente aquel mensaje :

Tú piel es tan suave, espero que pueda volver a verte.

                                                                        ATT:A


Nada más leerlo mi piel se erizó. Yo no quería esto. No quería tener siempre a alguien detrás mía amenazándome. Hundí mis hombros y me sujete la cabeza entre las manos. Estaba tan cansada de toda esta historia. ¿Por que lo hacía?¿Le gustaba verme sufrir?¿Por qué? y lo peor ¿Quién era?.
Suspiré. Intentando así que por alguna razón tonta pudiera recuperarme por dentro. Unir todas esas piezas que estaban distribuidas en mi interior y quizás ser mejor persona, más amable, mas normal. Pero con cada vez que pensaba aquello, más rápidamente me daba cuenta de que nunca volvería a ser normal.
Volví a suspirar, y levanté la cabeza para mirar a Ted. Sus ojos emanaban pura furia. ¿Estaba preocupado por mi? ¿De verdad alguien podía estar preocupado por mi?. Bueno...yo, no era simpática, ni cariñosa ni mucho menos agradecida, entonces... ¿Por qué alguien se preocuparía por mi?
Desvió su mirada hacia otro lado, mientras se cruzaba de brazos y resoplaba como toro en corrida. Como toro intentando matar al torero, pero ¿Quien era en este caso el torero?
- No me gustan los jazmines- Dijo serio, sin mirarme ¿A que venía eso? yo era el torero
- A mi tampoco- Musité.
- No me dijiste que tuvieses novio- Me acuso, con el dolor en su cara, mientras esta vez si me miraba. Dolido, engañado... sus ojos azules me ametrallaban, y por una milésima de segundo pude sentirme culpable de algo que no tenía, porque yo no tenía novio, yo odiaba a los hombres... Aunque por alguna razón estúpida ese chico que tenía delante llegase a ablandarme.
- Y no lo tengo.
- Si, ya-Respondió irónico-  ¿Entonces que se supone que es esto?- Señalo al ramo.

¿Y que se suponía que tenía que contestarle? Pues nada veras, lo que pasa es que un maldito psicópata me acosa cada viernes, mandándome un ramo de jazmines y una caja de bombones con forma corazón, ¿Y sabes que es lo peor? que conseguí lo que nadie ha conseguido desde hace tres años, hacerme daño. Sus mierdas de regalos son como puñaladas que regresan cada viernes para atormentarme, para recordarme que mi corazón no puede repararse y que mi mejor amiga esta enterrada bajo tierra. lo que pasa es que es que ayer, viernes, por primera vez, pude olvidarme de toda esa mierda que me persigue porque tu estabas a mi lado, haciendo darme cuenta de que quizás mi vida no sea tan mala como pensaba. Sin embargo hoy es sábado, y esta comenzando como un terrible viernes.
Pero claramente, yo no podía confesarle todo aquello. Él debía mantenerse lejos de mi.

- Tienes razón- Me encogí de hombros- Tengo novio- Me levante de la silla de forma casual- se me olvidó mencionarlo.
- ¡Se te olvidó!- Grito cabreado.
- Si- Gire mi rostro mientras lavaba la taza en el fregadero- Lo siento.
- Ya, lo siento- Musito mientras se giraba y cerraba la puerta de la cocina, dejándome sola contra todo aquello.

En cuanto estuve segura de escuchar como la puerta del apartamento retumbaba y el sonido del motor del coche de Ted se ponía en marcha, la taza se me resbalo de las manos mientras el agua seguía corriendo por el grifo. Me resbale por la encimera asta que mi culo toco el frío suelo. Agarre mis piernas con mis manos y metí la cabeza entre ellas mientras las lágrimas salían deprisa. 
Nada nunca podía mejorar.
Los hipos entre el lloriqueo comenzaron ha hacerse más frecuentes y al final, acabe levantándome para tirar los jazmines al suelo y pisotearlos. YO ODIABA LOS JAZMINES. Porque él, Alonso, se encargo de ello. los detestaba y me volvía loca verlos cada viernes. Abrí la caja de bombones y la sacudí fuera del apartamento, haciendo que todos los bombones cayesen fuera de mi casa, y con una cepillo me ayude para sacar los trozos de jazmines fuera del apartamento.

Una vez que cerré la puerta volví a sentirme cómoda. Sin estar vigilada.
Ted no estaba y yo... no conocía a nadie en esta triste ciudad. Estaba cansada, y destruida. Solo me quedaba él, solo podía recurrir a él. Me di ánimos y salí de casa dejando todo aquel desastre enfrente de la puerta, después cogí el autobús asta que llegue al portal. Y una vez salí del ascensor su voz cantarina resonó.

- Hola Elsa- Me sonrió, a pesar de que la última vez mi trato hacia ella no fue el más adecuado. Me acerque a su mesa. Y me quede un rato mirándola mientras ella hacia sus cálculos mentales. Nunca me había fijado, pero esa chica (a la cual nunca pregunte nombre) tenía algo especial. Era de complexión delgada y su voz era suave y cantarina. Sus ojos azules y su cabello se quedaba en el intento de un rubio. No era guapa, sin embargo tenía algo que no te dejaba apartar los ojos de ella.
La puerta del despacho del doctor Freud se abrió, y mi sorpresa fue encontrarme a Ted saliendo de allí ¿Acaso el también tenía un desastroso pasado?. Sus ojos se posaron en mi, pero paso por mi lado sin ni siquiera dirigirme la palabra. ¿Tanto daño le había echo?
Con las lágrimas en los ojos entre en su despacho y me senté en ese sofá mugriento.

- Hola Elsa- Dijo alegre, como siempre.
- Calla- Le ordené mientras me llevaba las manos al rostro y mi lloriqueo aumentaba por segundos. Nos quedamos así durante varios minutos. El allí y yo aquí, llorando, por primera vez mostraba un poco de mis sentimientos. Y eso no me gustaba, me hacía vulnerable pero... no conocía a nadie, estaba sola, y solo me quedaba este mugriento sofá y él.
Cuando por fin mi cuerpo se deshidrato, pare de llorar y le mire.
Vi algo diferente en su mirada. Vi miedo, lastima, pena, y a la vez ilusión.

- No me mires así- Dije mientras me cruzaba de brazos y miraba hacia otro lado.
- ¿Quieres contarme que te ha puesto así?- Me preguntó con pies de plomo.
- No- Nege rotundamente.
- Elsa, si es por lo del otro día.
- No tiene nada que ver- Le corté
- ¿Por qué no hablas conmigo? Soy tu psicólogo.
- Lo dices como si estuviera loca- Dije mordaz, mirándole impasible.
- Tampoco estas muy cuerda. Háblame, se que quieres.
- Pero no puedo ¿No lo entiendes?
- Hazme comprender.
- Yo...- Dije mientras meneaba mi cabeza en busca de palabras. Me desinfle- no se que quieres que te cuente.
- Algo, lo que sea. Lo primero que te venga a la cabeza.
- No me viene nada- Me encogí de hombros.
- Cual fue el último recuerdo de tu pasado en el cual pensaste.
- En mis padres- Dije inmediatamente- En su separación.
- Y como te sentiste.
- No no no- Dije- esto nunca funciona así, yo nunca te cuento mis cosas.
- Elsa- Se acerco a mi, invadiendo mi intimidad, y cuando sus manos fueron a tocar mi rostro me eche atrás lo más posible.
- Lo siento- Se disculpo al segundo.- dime que tengo que hacer para que hables conmigo.
- Quiero que hables tu también- Al fin y al cabo, ese era un trato justo- Tú serás mi psicólogo si yo soy el tuyo- Se sorprendió, y abrió los ojos desmesuradamente.
- Acepto, pero- Se miro su reloj- solo quedan cinco minutos y me gustaría que pudieses desvelarme algunos secretos de tu cabeza.- A lo que asentí.
- ¿Donde lo dejamos?- pregunte
- En lo que sentiste cuando recordaste el divorcio de tus padres.
- Me sentí...- Intentaba encontrar la palabra- Me sentí culpable. Ellos siempre habían sido la pareja perfecta, desde pequeña soñaba con encontrar un amor como el suyo. Y cuando paso y ellos, bueno, y ellos se separaron deje de creer en el amor. Deje de creer que yo pudiera ser algo bueno para alguien. Siempre estropeaba todo. Estropee el mayor amor que he visto en mi vida. ¿Como iba a lidiar con el mío?
- Pero tu no eres la culpable- Intento hacerme entender.
- Eso dice mi padre.
- Deberías escucharle.
- Pero el es mi padre- Me encogí de hombros- ¿Qué más puede decir? Les echo de menos juntos, con sus tontas discusiones y sus ataques de pasión. Además ya casi no veo a mama, esta con su nuevo novio- Rodé los ojos- en fin, es tarde, me tengo que ir. Adiós Doctor Freud.
- Adiós Elsa.

Salí de su despacho y esa chica que tantas veces había visto sentada al lado de su escritorio, con un cartel que ponía "Susan" se despedió de mi como de costumbre. Una vez estuve fuera me abroche los botones de mi chaqueta y sin saber bien a quien acudir camine hacia la ciudad entre en el local de mi padre. Tras la separación de este con mi madre, mi padre decidió montar un negocio de discografía, no tenía ni idea de música, pero se dejo llevar por una corriente de renovarse, tonterías que le venían y se iban. Aunque ha decir verdad si tenía en su lista cantantes prometedores.

- Hola- Dije saludando a Ron.
- Ey hola, hace mucho que no te pasas por aquí.
- Ya, es que he estado bastante ocupada
- ¿Otra vez quieres la habitación 17?
- Si
- Oye Ron- Dijo un muchacho de ojos grises y pelo negro abriendo la puerta, esa cara me sonaba bastante.- Te necesitamos- Dijo esto ultimo penetrándome con la mirada.
- ¿Os han presentado?- Dijo Ron.- Ella es la hija del jefe, y la posible jefa.- A lo que aquel muchacho tan misterioso se acerco a mi.
- Encantado- Dijo alargando la mano.
- Encantada- Dije tomando la suya.- ¿Nos conocemos de algo?- Arrugue el entrecejo
- No creo- Respondió cortante
- Me suenas bastante.
- Y a mi tú, seguramente nos vimos por los pasillos.
- Ah, ¿ No eres nuevo?- Dije frenando le ya que ya se iba.
- No, llevo trabajando aquí un año.
- Oh, que raro que no te hubiera conocido antes.
- Ya, bueno ¿Que te necesitamos vale Ron?
- Vale ya voy- Le dijo cuando cerró la puerta.- ¿Extraño verdad?
- Misterioso diría más bien.
- Bueno toma las llaves, ya sabes el camino así que me voy a ver que quieren.

Abrí la puerta y la cerré detrás mía. Todo estaba igual a como lo había dejado hace bastante tiempo. Las cajas amontonadas una encima de la otra. Ver todo en el mismo lugar me calmó bastante, aquel psicópata que me perseguía no había entrado aquí, algo era algo.
Abrí una de las cajas al azar y me encontré con una foto de Caroline. Caroline era bastante guapa y tímida, a veces su cortina de cabello negro le daba un toque infantil y cariñoso. Ella era tan tierna, tan acogedora  Caroline fue mi amiga antes de que yo me marchase de mi pueblo, era dulce y me quería ayudar ha salir de ese mal hoyo. Después pasando las fotos, me encontré con Kaity, era rebelde y despampanante. Se marcaba excesivamente sus ojos azules con negro y su cabello rubio le daba un toque tenebroso. Ella en si daba miedo.  Y en las otras fotos estaban todas. Jessyca, Janelle, Kaity, Caroline.
Por un momento deje de sentirme tan sola. Suspiré y deje las fotos donde estaban, con tan mala suerte de que una de ellas, se perdió del taco y voló suavemente asta caer al suelo.
La mire con miedo. Con mucho miedo.
Sentí como mi corazón se abría y tuve la sensación de que a veces siete candados para guardar un trofeo, eran demasiado pocos. Por lo menos demasiado pocos para él.
Seguramente que si me lo encontrase por las calles de Madrid sintiese el mismo dolor que sentí aquel día, en aquella foto.
Tres años, parecía mucho tiempo, sin embargo los recuerdos seguían tan nítidos como si hubiese ocurrido ayer...


- Esto no es buena idea- Le susurré al oído. El me miró y comenzó a reírse mientras ladeaba la cabeza.
- Elsa, dentro de poco no te volveré a ver- Dijo Rub- así que te guste o no, yo me pienso sentar aquí- Señaló mi cama- Y te esperare todo lo que haga falta.
Resople, y seguramente que si hubiesen echo un cómic saldría humo de mi nariz.
- De acuerdo, tu ganas- dije entre dientes mientras me encerraba en el baño.
- Y ponte un vestido- le escuche gritar desde mi habitación.

Encendí la ducha, y el agua comenzó a correr por el grifo. Deje que las gotas de agua que caían sobre mi piel me tranquilizasen. Deje de tener que fingir, y mis lágrimas se mezclaron entre todo ese barullo de dolor, sufrimiento, culpabilidad, resentimiento y fingida felicidad. A veces me sentía tan contrariada que me estaba empezando a olvidar de quien soy yo.
Mi madre ya no vivía en casa y yo me sentía cada vez peor. A veces mi padre simplemente se pasaba los días tirado en el sofá, viendo una película romántica con la cual llorar (si, los hombres también lo hacen) y a veces yo le acompañaba, por que porque no decirlo, yo también estaba destruida. Al final mi madre cumplió su palabra y estaban en transito de divorcio. No me lo podía creer, divorcio, sonaba tan mal aquella palabra.
¿Como una palabra podía separar a dos personas? ¿A tantos momentos? Por lo menos el que invento separar parejas debería haberse comido más la cabeza y haberlo llamado algo como " mierda estúpida que te quita a tu amor". Ese sí, hubiera sido un nombre acertado. Quizás e incluso, las parejas se pensarían más aquella maldita palabra: "Divorcio".
Un escalofrió me recorrió el cuerpo y fue cuando me di cuenta de que ya había acabado de ducharme. Salí y cogi una toalla para secarme, me la enrolle al cuerpo y me dirigí hacia mi habitación.
- ¿Puedes ir al salón?
- Si me prometes no escaparte de esta.
- Te lo prometo, iremos y celebraremos mi ida.
- Exacto- me dio una palmadita en la espalda mientras salía- Esa es la actitud que me gusta ver.

Abrí el armario y me decidí por un vestido negro corto, con media espalda al descubierto y un poco de cola por detrás. Me puse unos tacones, no muy altos, y baje las escaleras para encontrarme con Rub.

-Qué guapa estas- Murmuro perplejo.
- Gracias- Agradecí.

Después fuimos hacia la discoteca más cotizada. Hoy todos mis compañeros de clase estarían allí, incluso ¡CAROLINE! mi querida Caroline, no sabía como, pero aquel pequeño dulce corazón me había conquistado nada más dirigirme su mirada azul escarlata. Mucho más animada, llegamos y me zambullí dentro del local con Rub.

-Voy a por bebidas- Grito por encima de la música, y yo asentí.

Me quede apoyada en un lado de pared, viendo como la gente bailaba y reía, y yo me sentía diferente a ellos. No me sentía joven. No tenía inmensas ganas de alcoholizar me ni tampoco de bailar como si no hubiese mañana, porque para mi desgracia, el mañana si existía, o por lo menos eso habíamos quedado mi psicólogo y yo al verme una de mis cicatrices en la muñeca, pero eso era otra historia que quizás algún día me aventuré a contar...

- Cariño que haces tan sola- Dijo un chico sobrio detrás mía, agarrando me de la cintura. Y de nuevo esa extraña sensación de frío comenzó a expandirse por mi cuerpo. Si señores, al parecer que alguien te destruya el corazón y que tu mejor amiga muera no es la única cosa desastrosa que te puede ocurrir, sino que además había crecido un considerable numero de fobias. Tenía fobia a los espacios cerrados y minúsculos  tenía fobia a los besos, a los hombres, al amor y sobretodas las cosas, tenía fobia a que me tocasen.
Aparte su mano rápidamente, sintiéndome fría... se me erizo la piel.
- Vete a tomar por culo- Solté por mi boca como si me hubiese poseído el mismiso diablo
- Vale vale- levanto las manos- Guapetona- Me giré de nuevo mientras esperaba a Rub.
- Cariño...
- Te he dicho que te vallas a tomar p...- Me quede callada y después me tire a sus brazos de peluchin, era mi querida Caroline. - Hola, tenía ganas ya de verte- Sonreí.
- Yo también.
-Valla- Dijo Rub a mi lado- cuanta gente había en la barra- levanto los ojos y vio a Caroline, ellos dos todavía no se conocían.- ¿Me presentas a tu linda amiga?- Me preguntó, a lo que yo asentí.
- Caroline Rub, Rub Caroline- Les presente.

Después nos tiramos toda la noche bailando y de vez en cuando mirara a Kaity. Su baile era de lo más extraño, pero había aprendido a dejar de juzgarla por las apariencias. Ella saltaba y decía unas cuantas palabras rockeras, y yo, me limitaba a reírme y seguirla el rollo de vez en cuando. Después de estar casi tres horas bailando escuche mi nombre por alguna parte y me volví loca buscándole.

-Elsa- Tosió para comprobar si el micro iba bien. Al parecer Rub había parado a la banda para dirigirse a mi ¿Qué quería?- Elsa aquí- Me saludo- Ven sube- Toda tímida y sonrojada me hice paso asta llegar al escenario y ponerme enfrente de toda aquella gente joven, bien ahora también había descubierto que tenía miedo escénico ¡TACHAN! - Quería decir chicos, que esta fiesta no se celebra solo por el fin de clases, también como despedida a esta preciosa chica que dentro de dos días se marcha a Madrid.

Mientras Rub hablaba mis ojos no paraban de mirar a a todas aquellas personas que se encontraban tan expectantes . Venga, tampoco era para tanto.
Sonreí asta que lo vi. Y preferiría no haberlo visto, no haberme subido nunca a este escenario, preferiría... pero eso ya daba igual, por que todo estaba echo.
Unas lágrimas se asomaron por mis ojos al ver como el disfrutaba de sus besos. Como estaban empotrados en la escalera comiéndose a besos, mientras yo me moría por ellos. Sus salivas se entremezclaban una y otra vez, y compartían risas en el receso.
No podía verla, no podía saber quien es.
-Así que un aplauso a Elsa- Chillo Rub despertándome  y entonces fue cuando su rostro se giro hacia el escenario y se quedo mirándome mientras cogía de la mano a "su" actual novia. Esta se giro y pude reconocerla claramente. ¿Como iba a olvidar lo? Era su supuesta "prima", esa chica con la que le encontré a la entrada del cine.
Mi corazón se hizo añicos. Y acabe bajando de aquel escenario sin dejar terminar mis aplausos.


 Me agache y recogí la foto en la que salíamos yo y Rub, en aquella discoteca, después de que me bajase del escenario y me repitiese diez mil veces que era un crak. Volví ha cerrar la caja y salí de la habitación 17, aquel diecisiete que una vez compartí con el único hombre al que he amado.
Ahora era solo mi diecisiete.
Después esperé a que el turno de Ron terminará y pudiéramos ir a tomar algo juntos, hablamos animadamente, y nos reímos bastante, ya casi ni me acordaba de lo que este chico me provocaba. Era como una oleada de paz inmensa, que se llevaba mi pasado. 
Me contó que tal han ido las cosas en estos días de mi ausencia, y sobre como esta mi padre y lo que hace. Después me despedí de él y puse rumbo a casa.

2 Comentarios:

Maria Love Forever dijo...

HOLAAA :)
Una palabra: PERFECTO.
Ted se ha puesto celoso jajajaja, me encanta.
Aunque diria algunas palabras mal sonantes a un personaje que me encantaba hace un par de meses pero me las voy a ahorrar jaja.
Por fin va a poder desahogarse en el psicólogo.
HASTA EL PRÓXIMO BESOOOS :)

AE dijo...

Hola Maria Love Forever, lo siento por no haberte respondido asta ahora, soy un poco desastre xD.
Muchas Gracias por tus alagos jiji. Ted siempre celoson ya vereis. Si!! más de una echaria unas cuantitas palabras a Alonso.
Besazzzzossss!! :) y lo siento de nuevo

Publicar un comentario